de como las palabras y el ruido y la dueña del silencio que tiene ganas de cojer a uno y a otro. a mas de uno? si a mas de uno. a el, el mismísimo el, pero, en su defecto, al otro. al que se queda cuando se van y el que no mira de lejos y se lamenta, si no que esta ahi donde debería estar quien sabe quien miércoles. porque yo pongo cara de pichicho mojado alabado por acabado alambrado de sésamo. y las cotorras que mama mía, y como trinan y como gritan cuando pasa y por ahí le pegan un chiflido o un tosco silbido o una nalgada. tenían un jurado que asombrado y cabizbajo le miraba las piernas a la Pequeña Princesita de La Mierda Gigantesca. ah si, esa soy yo, presente, piedra libre para todos los compañeros, amen, god save the queen y quien sabe cuantas otras paparruchadas. le parecía que si no miraba no pasaba, entonces como es mejor pervertir que mojar, se escondía entre su barba y dejaba que las horas pasen, así no mas, en estado de semi-ebriedad casi contrastante. complicaba las cosas mientras alababa a la baba baba de caracol que de pronto decidió no esperar mas y le empezó a chupar la entrada y la salida por la que entraba y salía sin pensar mas. a quien le importa si ella ponía cara de mamarracho, mientras la baba y la baba de caracol hacían su trabajo? mejor ni ponerse a penar en eso porque las penitas oh las famosas penecitas podrían arruinar la escena y ahí si, agarrate catalino que si no se te bajan los lienzos y el espectáculo podría ponerse mas bien engorroso. que no te cojan las paredes, es mi consejo, y deja a La Princesa en paz porque se pudre.
2 de septiembre de 2008
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